domingo, 19 de diciembre de 2010
Nuestros favoritos de 2010
lunes, 13 de diciembre de 2010
El regreso de Vampir

"Con Vampir fue amor a primera vista. Lo llevé al parque y las niñas lo rodearon con esa expresión entre curiosa y discreta con que se miran los juguetes que están a punto de quitarte por “inadecuados”. Lo llevé al colegio, como él quería, y todos prepararon un lugar en su mochila para que les acompañara a casa. Le han inventado recetas, paraguas, peluches… Vampir sobrevuela parques y colegios con apariencia modesta, pero allá donde aparece, triunfa.
Ah. ¿Tú preguntas quién es Vampir? Yo, en tu lugar, lo buscaría en la biblioteca que te quede más cerca y me uniría al club de fans. No importa la edad que tengas. Total, él como buen vampiro te lleva siglos de delantera. Claro que será eternamente pequeño, pero por fortuna su creador, Joann Sfar, no es de los que piensan que pequeño es sinónimo de simple, edulcorado y limitado. Tanto los textos como los dibujos de Sfar están dispuestos en todo momento a ser honrados: a incluir esa palabra precisa, ese trazo o perspectiva exactos, y, sobre todo, esas emociones y preguntas implacables que los niños reclaman como herramientas para aprender la vida.
Porque de vida se trata, paradójicamente. Este mundo de muertos y monstruos que tan atractivo resulta para los pequeños de la casa (a algo tenían que aferrarse después del lavado y perfumado al que han sido sometidos los cuentos tradicionales a partir de Disney) está lleno de humanidad y comprensión de buena ley. El lector se siente entre amigos, con derecho a declarar o escuchar cosas tan íntimas como las creencias, los sueños o la culpa, en un estilo directo y sencillo que no les resta ni un ápice de valor, pero sí la pedantería con que los mayores revestimos habitualmente lo profundo.
Creo que aún no lo he mencionado: Vampir es un personaje de cómic, género que con frecuencia también es infravalorado por los adultos. La aparente facilidad de su lectura lo convierte en un “mal menor” al que acudir cuando nuestros hijos son perezosos a la hora de encarar títulos de “mayor longitud y prestigio”. Sin embargo los aficionados coinciden en dar una respuesta más madura: Las historietas siempre se releen. Y en cada momento nos fijamos en una nueva faceta, realizamos humildes interpretaciones, y transitamos pequeñas dudas que nos mantienen creciendo.
Por favor, llevad a Vampir al colegio. Descubriréis que merece la pena."
Beatriz Sanjuan, bruja especialista en literatura infantil de TresBrujas.
"Pequeño vampiro va a la escuela" y "Pequeño vampiro hace kung-fu". Joann Sfar. Océano Travesía, 2010.
sábado, 20 de noviembre de 2010
lunes, 8 de noviembre de 2010
libros inmortales
Sé que uno se imagina que el trabajo en una librería es pausado y amable. Que cuando piensa en abrir cajas con libros recién llegados se imagina al librero oliendo el delicioso olor de un ejemplar nuevo. Lo sé porque a mí me pasaba hasta que me hice librera. Es un trabajo apasionante, que te permite conocer a gente interesante, disfrutar de libros maravillosos y vivir rodeada de ellos. Pero la tranquilidad, créanme, brilla por su ausencia.
Hoy decidí retomar el blog porque me sentía llena de cosas que contar. Han llegado últimamente libros deliciosos que quería compartir. Muchos de ellos, títulos descatalogados que algunos editores valientes se han atrevido -ya era hora- a rescatar. Y que siguen totalmente vigentes.



viernes, 15 de octubre de 2010
domingo, 22 de agosto de 2010
Astro-ratón y Bombillita
martes, 10 de agosto de 2010
missed connections
Hace algo más de un año comenzó un proyecto personal apasionante, para explorar otro tipo de ilustración, algo alejada de lo infantil.
Se trata de un blog llamado Missed connections (que se puede traducir como "desencuentros"). Sophie vive en Nueva York. En esta ciudad, en algunos periódicos, existe una sección en la que aquellas personas que han tenido instantes fugaces de encuentro, que se han cruzado con alguien que les ha llamado la atención, con quien han intercambiado miradas, palabras... pero no han tenido el valor de hacer nada al respecto, dejan mensajes para intentar volver a encontrarse. Sophie elige uno de esos mensajes una vez a la semana, y lo ilustra. El resultado podéis encontrarlo pinchando en la ilustración:

jueves, 15 de julio de 2010
Los pop-ups de David Carter
Ahora bien, hay unas cuantas excepciones. Entre ellas se encuentran Popville, de Anouk Boisrobert y Louis Rigaud, publicado este año por Kókinos. La versión de El principito de Salamandra, con el texto íntegro (lo cual agradezco enormemente), cuya primera edición se agotó nada más salir. Y la versión de El mago de Oz de Sabuda, publicada por Kókinos, junto con Alicia en el País de las Maravillas y Peter Pan (que me gustan bastante menos).
Entre las excepciones destacan también los libros de David Carter, verdaderas arquitecturas en papel que invitan al juego: El punto rojo, El 2 azul, 600 puntos negros, Cuadrado amarillo y el increíble Los elementos del pop-up, que te explica paso a paso todas las técnicas que utiliza en la realización de sus obras.
El autor nos presenta en este vídeo todos sus libros, incluido el último que aún no está publicado. (Aunque no entendáis inglés, es tan visual y expresivo que merece la pena verlo)
The Pop-Up Artist from Manny Crisostomo on Vimeo.
sábado, 26 de junio de 2010
martes, 15 de junio de 2010
Tim Knol - When I Am King (HD) from SubmarineChannel on Vimeo.
Una preciosa miniatura elaborada analógicamente (cinco horas de trabajo de media por segundo) a través pirografía y stop-motion. Su autor es Sverre Fredriksen, un noruego afincado en Amsterdam. La canción es del autor holandés Tim Knol.
martes, 25 de mayo de 2010
cajas

También me gustan las cajas de artista: en ellas guardan sus pequeños universos. Algunas me gustan tanto, que alguna vez deseé vivir allí. Creo que podría pasarme horas mirando al horizonte frente a la ventana de esta caja de Cornell, Toward Blue Peninsula.
La semana pasada recibí en la librería un libro nuevo: Kassunguilá, de Monique Zepeda, editado por Fondo de Cultura Económica. Ya lo había visto en la Feria de Bolonia, pero entonces, un poco saturada con tanta belleza, preferí esperar a tenerlo en la tranquilidad de mi espacio, bajo la nube.

Llevaba días dormitando a mi lado. No me cansaba de contemplarlo, de acariciar sus páginas, sin atreverme a sumergirme.
Anoche probé a mojar la punta del pie, y ya no pude resistirme. Ahora me asomo a cada rato a los complejos universos que componen sus ilustraciones: cajas habitadas por el pez protagonista, cajas que cambian como cambia nuestra percepción del mundo cuando nos dejamos llevar por los estado de ánimo, por las mareas de las emociones que flotan en el ambiente, de los acontecimientos que estallan a nuestro alrededor. Cajas que contienen el mundo exterior e infinitos mundos interiores.

Y así, llevo días navegando, yo que siempre preferí contemplar el mar desde la orilla. Porque leer Kassunguilá es como viajar en una caja multicolor, mecida por el mar poético del texto, preguntándonos si queremos llegar a Ítaca, o si la magia reside en prolongar el camino.
(Reseña publicada en la revista Educación y Biblioteca, en Septiembre-Octubre 2009)
jueves, 15 de abril de 2010
Diógenes

Primero, el título. Un título que me pareció extraño para un libro de literatura infantil. Más aún cuando descubrí que era el nombre del protagonista. ¿Un niño que se llama Diógenes? Menos mal que todo cobra sentido cuando se empieza a leer; él y toda su familia sufren su particular versión del síndrome de Diógenes: guardan todo lo que encuentran.
Lo que nos lleva a un segundo ingrediente: mi propio complejo de Diógenes, sobradamente conocido por todos los que me rodean, heredado además por mi hijo. Y es que tengo tendencia a guardar todo lo que me encuentro, todo lo que me recuerda a un momento de mi vida que no quiero olvidar (desde la entrada de una película que me emocionó hasta una ramita recogida en el parque la primera vez que lloré por un chico). Guardo todas las cartas que he recibido desde los quince años (las anteriores no, pero sólo porque mi madre las tiró en la mudanza). También guardo trozos de papel, de cuerda, de cartulina, de tela, todos los envoltorios de los regalos de navidad, piedras, conchas... porque sospecho que alguna vez, en algún momento, me van a servir. Para comprobarlo basta con pasar por el espacio de taller de la librería. Menos mal que cuento con Olalla, que de vez en cuando hace limpieza a mi pesar. Porque todo Diógenes necesita a alguien como mi madre o como Olalla, que ponga límites, que si no...
sábado, 10 de abril de 2010
Samare
Samare
Sylvia Filus | Vídeos musicales MySpace
Un delicioso corto de uno de mis ilustradores favoritos: Nicolai Troshinsky
domingo, 7 de marzo de 2010
Cirque Dejà Vu: circo en el teatro
Un espejo puede ser un trozo de cristal pulido, algo que creamos, los ojos de una persona que nos quiere, un libro, una película, una obra de teatro.
Cuenta mi abuela que para ella la vejez siempre estuvo lejos. Cuenta que cuando era niña, sus hermanas mayores le parecían viejas. Que ella fue haciéndose mayor, sintiéndose siempre niña a pesar de la guerra, del duro trabajo del campo que te llena las manos de grietas y la cara de arrugas. Cuenta que un día, pasados los setenta años, se puso a escribir sobre sus recuerdos. Que fue entonces cuando se miró al espejo, y por primera vez, se sintió vieja.

Nosotros les acompañamos en un viaje a su juventud. Asistimos a los números clásicos del circo: nos reímos, soñamos, aplaudimos, gritamos. Los actores (magníficos) hacen desfilar ante nuestros ojos a todos los personajes del imaginario circense: payasos, equilibristas, domadores, faquires… combinando títeres, sombras chinescas, juguetes de madera…
Una historia sobre la identidad, la vejez, los recuerdos, la fragilidad, la amistad. Un espejo en el que mirarnos y re-conocernos.
Cirque Dejá Vu
Compañía teatral La Baldufa
Dirección: Ramon Molins i Luis Zornoza Boy
Actores: Anselmo (Carles Benseny o Carles Pijuan) y Fausto (Enric Blasi o Emiliano Pardo)
Recomendada a partir de 4 años
lunes, 22 de febrero de 2010
jugar jugar jugar
Cuando nació mi primer hijo, recuperé las ganas de jugar. De hacer pedorretas, de cantar canciones, de perseguirte por la casa. De columpiarme y bajar por un tobogán. De embarrarme, de hacer castillos en la arena. Y ya el pudor no tiene sentido, porque uno tiene la coartada perfecta: está jugando con su hijo. En mi caso, no se trata sólo de compartir un tiempo, un espacio y un interés con él, con ellos. También se trata, simple y llanamente, del placer de jugar.
Ahora mis hijos han crecido medio metro, y las posibilidades aumentan: juegos de palabras, de ingenio, de memoria, de estrategia. Cuando yo era pequeña, en mi casa apenas se jugaba a juegos de mesa. Como mucho, alguna partida al parchís y o a las cartas con mi abuela. Así que ahora, a través de la librería y de mis hijos, los he redescubierto.
Y de juegos, precisamente, quería hablar en este post. De unos juegos fantásticos que acabamos de recibir, y a los que estamos ya enganchados. Hay más, pero hoy quería hablaros, sobre todo de dos.


Hay más juegos, de los que os iremos hablando poco a poco. Un diseño sencillo pero efectivo, en cajas pequeñas, con muchas posibilidades.
¡Hagan juego!
(estos y otros juegos están disponibles en nuestra página web, en la sección jugar en familia)
domingo, 31 de enero de 2010
de cómics y otros seres desconocidos
Me siento identificada con Olalla, como librera, pero también con esa madre. No es la primera vez que me veo a mí misma intentando que mi hijo lea una novela y deje de leer cómics todo el día. Luego doy marcha atrás, por supuesto. Soy consciente de que el cómic requiere una lectura compleja, no lineal; que necesita de un aprendizaje, de una práctica lectora; que te da referencias culturales, artísticas, históricas. Simplemente, hemos oído demasiadas veces que los tebeos son una lectura menor. Y hemos acabado por interiorizarlo hasta tal punto, que es difícil que se no te escape. Como con tantas otras cosas.
Además de los clásicos del Superhumor, de Tintin, Astérix y los superhéroes de Marvel, hay muchas otras opciones para adentrarse en el mundo del cómic. Es especialmente reseñable la colección Mamut que ha editado Bang, para niños y niñas a partir de tres años. He aquí algunos títulos que nos gustan:
La caca mágica, de Sergio Mora. Mamut, 2009
Un niño disfrazado de conejo duerme la siesta debajo de un árbol hasta que un pajarito le despierta y se transforma en su peor pesadilla... ¿será un sueño?
a partir de 3 años
